Los secretos del cine.


Por Horacio Fernández. Los Diez Mandamientos, la película de Cecil de Mille realizada en 1923, puede tomarse como la precursora del fascinante y estruendoso éxito de James Cameron en estos días del siglo XXI.



Cecil B. DeMille fue lo que en Hollywood se conoce todavía hoy como un "Tycoon", un poderoso, algo así como Steven Spielberg o George Lucas. Mientras no sacara los pies del plato de la censura omnipotente en la época (Código Hays) podía filmar y producir lo que quisiera. Un autócrata muy poderoso.


Director desde 1914, ya había filmado "Los 10 Mandamientos" en 1923, por supuesto en blanco y negro y sin sonido, innovacion que recién llegó en 1927.
Entendía de cine y su lema fue: no hay nada que no pueda ser llevado a la pantalla.


Así fue que que durante años arremetió contra lo que se dió en llamar el cine bíblico a la norteamericana, mucho technicolor, muchas batallas y no demasiado respeto por la verdad histórica. Pero rendidor en las boleterias.


Norteamérica cicatrizaba de las heridas de la Segunda Guerra Mundial y De Mille les dió entretenimiento: espectáculos predigeridos pero atractivos visualmente. Ya en 1949 concretó un suceso de taquilla con "Sansón y Dalila" y se preparó para volver a filmar la historia del profeta Moisés y su epopeya como conductor del pueblo judío ante el éxodo forzado por el villano de la historia, el Faraón Ramsés. En esa época, los efectos visuales (los actuales efectos especiales) estaban en manos de unos pocos técnicos capacitados que exploraban los límites que les permitían las pesadas cámaras de entonces.


Y John P. Fulton quedó a cargo de la parte técnica visual de la nueva versión de "Los diez mandamientos", film que fue la novedad del año 1956 y que le valió el Oscar del rubro.


A De Mille le quitaba el sueño el momento culminante de la historia, aquel en que Moisés, para salvar a su pueblo hacía abrir las aguas del Mar Rojo para que pudieran escapar a los villanos de la historia, los egipcios. Fulton envió un grupo a Egipto para que filmara las orillas del Mar y les pidió mucho detalle, mucha verosimilitud. La secuencia del paso del Mar Rojo tardó medio año en terminarse. Para figurar la inmensa tromba de agua que caía y aniquilaba a los hombres del Faraón, se construyó un gigantesco tanque en la Paramount, que permitió hacer caer los 10.000 litros en menos de 10 minutos. Algo que después se pasaba en reversa cuando las aguas se cerraban sobre el Ejército. Esto se filmó contra un gigantesco fondo azul, para luego combinar las imágenes filmadas. Si bien en algunos planos se detectan las líneas de las transparencias, el resultado no dejó de ser extraordinario y fascinante.


Hay secuencias que precisaron 22.000 extras, algo innecesario hoy con la magia de las computadoras y los últimos avances ténicos. Recordemos "Troya" o Alejandro Magno", por ejemplo.


Por entonces, la escena fue asombrosa y fascinó al público. Fulton ganó el Oscar por su inventiva y la escena está en un lugar privilegiado en la historia de los adelantos técnicos del séptimo arte. Sin duda, fue una precursora de la fascinante magia de "Avatar", de James Cameron.